Corría el año 1987 cuando Paco Menéndez y Juan Delcán dieron forma a
una abadía benedictina en perspectiva isométrica, con monjes que
seguían sus propias rutinas, campanas que marcaban las horas
canónicas y un misterio que había que resolver antes de que se
agotase la semana.
Inspirada en El nombre de la rosa de Umberto Eco,
La Abadía del Crimen puso en manos de fray Guillermo de
Occam y del joven Adso una abadía viva, en la que el jugador no era
el centro del mundo, sino un huésped más sometido a la disciplina
del abad. Nada parecido se había visto en un ordenador de 8 bits.
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Cuarenta años después
Cuatro décadas más tarde, la abadía sigue en pie. Se reivindica en
listas de los mejores juegos de la historia del software español, se
ha desmontado instrucción a instrucción, se ha portado a máquinas
que en 1987 no existían y ha inspirado versiones mejoradas que la
acercan a nuevas generaciones de jugadores.
Su autor principal, Paco Menéndez, nos dejó demasiado pronto. Esta
web es también un recuerdo para él y para Juan Delcán, que con poco
más de veinte años firmaron una obra que todavía hoy se estudia.
El camino de la abadía
La abadía nació en un Amstrad CPC, cruzó al ZX Spectrum con apenas
dos colores y, casi cuarenta años después, llega a una consola
anterior a ambos. Cuatro pantallas completas cuentan el viaje.
Lámina I · 1987. Amstrad CPC: la abadía original, en
cuatro colores. Captura propia con MAME desde disco
Lámina II · 1988. ZX Spectrum 128K: tinta amarilla sobre
papel azul. Es la versión de la que parte el demake. Captura propia con el emulador del proyecto
Lámina III · 2026. Atari 2600: la misma sala en el demake, en su modo inicial: la sala completa de 128 píxeles, en un damero que cambia en cada imagen y que el ojo funde en una sola. Captura propia en Stella
Lámina IV · 2026. Atari 2600: el modo FRANJA+, con la ventana nítida de 48 píxeles y el resto de la abadía insinuado en playfield. Captura propia en Stella
No hace falta una Atari para entrar en la abadía: la ROM corre aquí mismo, en el navegador, con teclado, mando o pantalla táctil.
La Atari 2600 es la consola más conocida de su generación y una de las
más humildes:
128 bytes de RAM, nada de memoria de vídeo y un chip gráfico (el TIA)
que obliga a dibujar la pantalla línea a línea, al ritmo del haz de electrones. Llevar hasta ella una
abadía entera parece una herejía, y precisamente por eso es un reto
irresistible.
Este proyecto no pretende ser una copia, sino un demake:
una relectura del original con las herramientas de la consola de
1977, ayudada por un cartucho moderno con procesador ARM. Es el juego que quizá nos habría gustado tener por aquel entonces.